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lunes, 27 de abril de 2020

El ingreso mínimo vital, efeméride o catástrofe apocalíptica.



Estos días se está generando un debate en torno al ingreso mínimo vital, medida que el gobierno de coalición PSOE + UP piensa sacar adelante. La cual ha provocado un gran revuelo y ha sacado del armario viejas argumentaciones alarmistas y desproporcionadas por parte de las derechas y otras sumamente triunfalistas por parte de las izquierdas:


Primero habría que definir qué es el ingreso mínimo vital, en-sí no es más que un mecanismo económico para dar liquidez a quien no tiene ingresos declarados o tiene muy pocos. En el caso español se trataría de personas que ingresan una cantidad inferior a doscientos euros mensuales en el caso de ser para una persona y de cuatrocientos cincuenta siendo dos.


Respecto al montante a abonar, de momento se hipotetiza con una cantidad que ronda los quinientos el más bajo y a partir de ahí complementos en función de personas en el hogar e hijos a Cargo.[1]


Para entender cómo podría funcionar pongamos como ejemplo de lo que podría ser este Ingreso mínimo vital el salario social asturiano. La cantidad a abonar son 448.28[ii]€. Para poder acceder a él las personas demandantes tienen que cumplir una serie de requisitos[iii]. Una vez analizado el caso y aprobado, se procedería a realizar el ingreso.


Algunas cuestiones que conviene aclarar respecto a este salario social. No lo percibe una persona, sino una unidad económica de convivencia (UEC), es decir, quienes cohabitan en la vivienda, y no, no pueden percibirla los distintos miembros, sólo uno por UEC. Aclarado este punto cabe destacar otro más acerca de la intervención, pues en Asturias una vez solicitado y adjudicado este Salario Social se suscribe al Programa personalizado de incorporación social (PPIS) a la persona. Esto se hace para evitar el asistencialismo de la prestación económica.


A simple vista parece óptimo, pero la realidad es mas tozuda e imperfecta y las buenas ideas son irrealizables si no se dotan de personal y fondos. De esta forma la norma acaba siendo la falta de personal de intervención (de educadores sociales, psicólogos, trabajadores sociales, técnicos en integración social, etc.) y esto mismo genera que la medida sea meramente asistencialista. Y convirtiendo en muchos casos al personal en meros gestores de ayudas saturadosy los PPIS acaben siendo más un papel que una realidad. De esa saturación viene otro problema más, el tiempo de espera. Para recibir el salario social el plazo entre el inicio de la solicitud, la aceptación y el ingreso termina siendo de media de seis meses.


Una vez visto este ejemplo podéis ver como por sí sola esta no deja de ser una medida asistencialista que podría tomar cualquier tipo de gobierno ante una situación de desamparo de una parte de la población o ante una tesitura de crisis (como por ejemplo en la que nos encontramos). 


Ahora bien, hay que tener en cuenta que estas medidas siempre deben ir aparejadas de una parte social dado que la mayoría de las personas que se “benefician” de este tipo de ayudas tienen otras problemáticas a parte de las económicas. Esto quiere decir que necesitarían de una intervención específica de los Servicios Sociales correspondientes. Dicha intervención debería estar encaminada a la regulación emocional y la independencia económica, básicamente ser capaz de valerte por ti mismo. Y es aquí donde radica uno de los grandes fallos a la hora de tomar este tipo de políticas, no porque no tengan esa parte de intervención sino que en algunos casos está mal planteada y en la mayoría porque no tiene fondos para llevarse a cabo.


Precisamente al convertir este tipo de medidas en algo meramente asistencial el ingreso mínimo vital puede ocasionar problemáticas provenientes de esta medida y es que en vez de conseguir que las personas sean independientes se generan personas con una dependencia crónica del sistema de ayudas. Lógicamente la opción no es quitar las ayudas, porque entonces estaríamos condenándolas a la delincuencia o en el peor de los casos a la muerte porque lo problemas no desaparecen, siguen ahí. Además en el estado de alarma actual ¿qué hará alguien que no tiene que llevar a la boca y tiene que alimentar a su familia? Pues salir a intentar ganarse la vida y dar de comer a su familia.


Las derechas españolas (por suerte no todas como por ejemplo Luis de Guindos) han salido en tropel con aseveraciones realmente catastrofistas, de odio y confrontación y con unas argumentaciones torticeras. Un ejemplo claro de ello es el artículo de opinión que salió en vozpopuli de Alejo Vidal-Quadras[iv] donde por decir no dice nada absolutamente, nada al menos que tenga que ver con el ingreso mínimo vital o algún tipo de soluciones que aportar a los miles de españoles que tienen esta problemática. A lo que se ha dedicado es a “despotricar” contra el gobierno, eso sí, sin sentido ni rigor alguno.


Otro de los argumentos escuchados es: “Así nunca van a trabajar” Esta falacia lo que ignora es que lo que igual no quiere la gente es cobrar un salario de miseria y sin asegurar la mayoría de las horas que trabaja, realidad que se sigue dando en muchos casos, sobre todo en el sector turístico y de restauración.


Hay una realidad inapelable y es que la precariedad laboral lleva asociada irremediablemente el uso de los servicios sociales y la necesidad de este tipo de ayudas u otras. Siendo las personas perceptoras de este tipo de medidas parte de las mas vulnerables ante situaciones de explotación laboral.


Así mismo se hizo una campaña en twitter con el hashtag #DamePaguita. Porque es sabido que todo el mundo puede pagar comida, luz, agua, gas, alquiler o hipoteca, ropa, telefonía, etc con quinientos euros al mes. La verdad es que nadie o casi nadie puede tener una vida digna con este tipo de ingresos. Es curioso que las derechas nunca saquen algo similar con la explotación laboral o con el respeto a las condiciones de trabajo dignas.


En todo caso ahora mismo se trataría de una ayuda de subsistencia. Como ya se dijo arriba, la alternativa nunca puede ser dejar sin amparo a nadie, porque sería peor el remedio que la enfermedad.


Ahora bien, no se debe caer en el triunfalismo ni pensar que esta será una efeméride, pues los servicios sociales seguirán estando colapsados, seguirán funcionando de forma asistencialista si no se le pone remedio y seguirán teniendo titulaciones sin reconocer, en Asturias y algunas otras CCAA por ejemplo siguen existiendo estudios que no tienen categoría laboral alguna, como es el caso de los educadores sociales y los técnicos superiores en integración social entre otros y eso generan que todo lo invertido en la formación de ese personal y lo que puede aportar sea tirado a la basura. Estos son algunos de los problemas que tienen los servicios sociales actualmente, pero ese es otro debate.


En conclusión este ingreso mínimo vital no es ni una medida castro-chavista, ni una panacea. A corto plazo es un paliativo para una situación de necesidad en un estado de pandemia mundial y que puede servir de ayuda a muchos hogares que les urge. A largo plazo no debería ser considerado nada más que una pata (transitoria) hasta la búsqueda de la autonomía de la persona, lo cual no podrá lograrse sino se inicia un proceso de profesionalización y reorganización de los servicios sociales, pues mientras sigamos teniendo un sistema atomizado y colapsado de servicios sociales, el asistencialismo al igual que Thanos, será inevitable.




miércoles, 14 de septiembre de 2016

Viajar

“Viajar: Trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción.”
 -RAE-

Una definición estancada en un solo movimiento de coordenadas que nos deja sin lo fundamental del viaje, el lugar.

Cuando viajamos no sólo miramos, no sólo observamos. Cuando viajamos debemos respirar el aire del lugar e imbuirnos en su ambiente.

Viajar, curiosa palabra que como tantas otras muere poquito a poco de soledad, los instantes únicos dejan paso a las captaciones múltiples que entroncan con la “radiofonía” de las mismas a todo nuestro mundo virtual.

Decimos viajar cuando realmente hablamos de visitar. Cada día que pasa, las instantáneas se abren camino y los instantes pierden eficacia.

Cada día hay menos suelas que gastar, menos caminos que recorrer y como si de un ferrocarril se tratara, pareciera que sólo hay un único camino.

Pero viajar, puede no ser necesariamente a un lugar, sino viajar durante un periodo de tiempo a una realidad diferente, vivir en una cotidianidad “alterada”; “diferente” o como la queramos nombrar. El caso es que la irrupción de esta "rutina" tiene dos finales posibles.

El primer final tiene un punto de inicio y de termino. No debemos olvidar que hay historias/vivencias/días/noches que aún terminando, marcan un antes y un después.

El segundo final es el inicio de un nuevo día a día, es cuando la cotidianidad “alterada” pierde su calificativo para ser parte del diario constante de nuestra vida.

Hay veces que podemos escoger si queremos ser viajantes eternos y migrar de historia en lugar y de lugar en historia con el petate lleno de ideas y música de diferentes partes... por contra, hay otras en las que no podemos escoger, y sin nosotros ser parte activa nos afecta directamente y se nos impone una realidad nueva, un viaje que hacer sin querer nosotros viajar, sin petate y con un nudo de incertidumbres por resolver…


Menos mal que siempre nos quedará el mar.








martes, 26 de abril de 2016

O povo é quem mais ordena

Es curiosa la historia, la experiencia de miles de años de estudio y sus continuas contradicciones forjaron a un padre que comprendió que para moverse, hay que saber por qué se mueve, para qué se mueve y hacía dónde se mueve, un padre que explicó la razón por la cual saber dar un martillazo sin darlo y martillear sin saber cómo hacerlo no tiene sentido.

Casualidades de los acontecimientos dieron lugar a alguien que aprendió a martillear y dejó las claves de cómo segar el pasto y recoger los frutos del trabajo. Por querer enseñar la labranza tuvo una vida de idas y venidas, cómo decía la canción:
                                                                       
“correle, correle, correla
por aquí, por aquí, por allá
correle, correle, correla
correle que te van a matar”

El sol salía al comienzo de un nuevo día y los grandes parajes labriegos al contrario que otros días se hallaban desolados, ningún campesino ni campesina araba la tierra, plantaba las semillas o cuidaba de la tierra. En ese mismo instante desfilaban por las principales ciudades el pueblo ganadero, el apicultor, el campesino, el fabril… Caían banderas Tzaristas y el sol en el zenit del mediodía impactaba en el mástil por el que subía la nueva bandera, la bandera comunera, la bandera roja.

Pasaron los años con vientos de cambio y cambiazo, cuando el águila daba gato por liebre y en la terra da fraternidade una sombra que recorría Europa instaló su nido durante muchos años. Aquellos que labraban sufrieron el yugo bajo el látigo, pero un 25 de abril se escuchó el sonido de la esperanza…

Y llegamos al hoy donde se abre el telón de fina seda para que en el escenario salgan los títeres a bailar y entonar el canto de sirena. Teatro de robusta madera, con muebles, bancos y el escenario tallado a mano por los mejores ebanistas y carpinteros del imperio. Cada día se habla del esfuerzo para comprar la entrada, de lo mal que se vive fuera del mismo, del sudor y lágrimas propias y del vecino, pero todo se olvida cuando uno reposa sobre la butaca tan cómoda, entonces silencio, la función va a comenzar…







Imagen: Propaganda de los Comités Cívicos de la iglesia durante las elecciones italianas de 1948.

martes, 12 de abril de 2016

12 de abril.

El doce de abril se encuentra donde se le espera, en un calendario que lejos de parecer instrumento cotidiano, está lleno de historia y relatos de personas y personajes que viven por la historia o que murieron de olvido.

¿Quién construye nuestro día a día más que nosotros mismos?

Bien es cierto que podemos construir un relato gris, estático, casi como una mascarada donde todo parece igual y diferente, donde todas las personas tengan su blanca máscara, su vestido franela o su chaqueta de panamá, pero unos sean del Madrid y otras del Barça pero también haya quien sea del Eibar, del Oviedo, del Logroñés y del Caudal. Donde unas tomen Ron habana 7 y otros Bacardi con sonido a gusanera, donde todo entra en un marco visiblemente invisible.


Bien es cierto también que hay a quien no le gusta el gris o que habiéndole gustado prefiere quitarse su chaqueta de Panamá o su vestido de franela para ponerse lo que realmente quiera, porque la pasarela ya no marca la línea de dicción y puede dejar el trono y las pretendientes pretensiones marcadas por el ABC de la televisión y empezar a pretender comerse el mundo.

Tal vez también nos guste construir un relato diferente que no encaja en un marco porque en ese marco no caben todas las personas que queremos que estén, porque queramos construir un relato con memoria donde se acuerda del olvido.


Tal vez lo común de un doce de abril sea lo que no se deba volver a repetir, tal vez lo diferente es lo que se deba de hacer en bucle y sin parar.

En este doce de abril enciendo la televisión y habla de Panamá, del Trono y las miserias que vociferan ¡Salvame! Pero sí es de noche todo vale mientras sea Deluxe.

Porque yo prefiero acordarme de Galileo donde un día como hoy la inquisición lo llamaba Hereje, donde un doce de abril en el marco de lo común en Fort Pillow las fuerzas confederadas asesinaban a la mayoría de los soldados afroamericanos que se habían rendido.

Un doce de abril más que pudo ser menos.